Noche Buena en Francia, Noche Vieja en España
No podía haber mejor comenzado las vacaciones de la Navidad que con una visita a la región de Haute-Savoie. Pasaba tres días con una amiga francesa, que conocía en Valladolid, y su familia en una aldea pequeña de unos 500 habitantes, que tenía vistos pintorescos de las montañas de alrededor. Hicimos esquiar durante dos días, y no había ni siquiera una nube en el cielo sino mucha nieve fresca de varios temporales de nieve que habían pasado la semana pasada. Me equivoqué si dije que hacer esquiar era caro en Francia. Aunque tenían buena nieve y eran bastante grandes, los bonos costaban menos que los de cualquier estación de esquí que he visto en California, Oregón, Colorado y Canadá.Acaba de darme cuenta completamente del nivel de la gastronomía de que gozan los franceses, la cual no he visto en ningún otro sitio. Me encanta que una cena típica francesa dura por lo menos dos horas, y más si se toma en cuenta el aperitivo. Comí tres cenas magníficas con la familia de mi amiga, y para mí, eran los mejores del año, sin duda. Después de esquiar durante todo el día, no hay nada que mejor llena que una tartiflette de la casa, una especialidad de la región de Savoie. Cuando su familia abrió una botella de vino, de 1988, de las Côtes du Rhône, quería llorar al primer sorbo. Era el mejor vino que había bebido; no sabía que existía vino así refinado. Tampoco tenía palabras al comer el queso y el postre, y el sabor del vino los había acompañado como un hermano. Además, sus padres me trataban como si fuera un miembro de la familia suya, y me dijeron que podía volver cuando quisiera. Los tres días en Haute-Savoie eran los mejores de mis vacaciones del invierno.
El clima de que disfrutaba en Haute-Savoie había desaparecido justa cuando llegué a Blois, cubierta de nubes y una capa bastante espesa de niebla. De todas maneras, era genial de reunir con un amigo de viajar que no había visto hacía un año y medio, cuando le conocí en el norte de Suecia en 2004. El tour de la gastronomía francesa continuó y él me cocinó una especialidad de la región de Bourgogne, beouf bourguignon y crêpes para el postre.
Pasaba la noche buena y la Navidad en Chaumont, con una de mis compañeras de piso y su familia. Tenía otra comida asombrosa e inolvidable, acompañada con una abundancia de vino. Éramos 22, con todos los parientes de la familia, y les interesaban a todos tener presente un extranjero. La comida incluía salmón fumado, ostras, foie-gras, galantine, caracoles, y bûche de Noel para el postre. La comida duró unas cuatro horas hasta la una de la mañana. En cuanto al día de la Navidad, entre la familia intermedio cambiábamos algunos regalos, antes de tener otra comida que se hizo agua en la boca.
Llegué en España el 26, y me quedé allí todo el rato, pero hice viajes del día a Sevilla, Toledo y Segovia. El tiempo en Sevilla pareció el verano, después de haberme congelado en Dijon el fin del otoño. Después de todo, salí de España disgustado, sobre todo, porque no había pasado ningún rato con españoles y seguía el camino más de turista. Desde que un amigo de los EEUU de la universidad de Cal Poly visitaba a Madrid durante las vacaciones, me quedé con él y su hermano. Entonces, no podía ver mis amigos españoles de Valladolid. La noche vieja en Madrid era una de los más interesantes de las que me puedo acordar, pero faltaba siempre la sangre español, sino había mucha gente sin el aguante para la fiesta. Como siempre digo, nada se compara con las noches en Valladolid cuando salía con mis amigos, todos españoles. Es una de mis mejores experiencias en Europa, pero una de las más difíciles de explicar a otros. Solamente se la puede conocer por experiencia. Y para los que se rieron de mí por querer tomar churros con chocolate, ¡Es una pena que no hubierais podido aguantar la noche con los españoles, no sabéis lo que estáis perdiendo! España, nos vemos otra vez en Febrero.


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