27 febrero 2006

Otras vacaciones fenomenales...



Visitaba a España por la tercera vez durante las vacaciones de febrero, que comenzaron el 11. Visitaba a mi familia con quien vivía cuando estudiaba en Valladolid, a unos amigos en Madrid, y además, fui a Granada donde había temperaturas más allá de veinte grados. Casi me olvidé de que estación era. Andaba por los lados de la ciudad que no había vista la primera vez que estaba en la ciudad. En cuanto a los fines de semana, aproveché de la fiesta, esta vez, exclusivamente con españoles. Llegué a aguantar tres noches de fiesta enseguida, todas las cuales duraban más allá de las seis de la mañana. Creo que esta vez me he hartado de la fiesta en España, al momento.

De Madrid, fui directamente a Tübingen, Alemania el 19 de febrero, en cuatro trenes diferentes. El viaje duraba 24 horas, y tenía que apurarme a cambiar trenes en Paris, porque cambiar trenes en Paris siempre significa llegar a una estación, subir y bajar escaleras del metro para llegar a la otra. Llegué al andén menos de un minuto antes de que saliera el tren para Alemania.

En Tübingen, me encontré con un amigo que conocí por primera vez en Nueva Zelanda, que no veía hace un año y medio. Nosotros dos y dos de sus amigos, todos fuimos a San Antonio, Austria, durante cuatro días para esquiar. La suerte con el clima que tenía continuaba; teníamos tres días de sol y nieve fresca. Los alemanes esquiaban a toda prisa como cometientes de los Juegos Olímpicos. Mientras que mis piernas aguantaban, podía apenas alcanzar el ritmo. Pero por la tarde, no era posible porque había muchos magnates, y solamente sé bajarlos por caerme. De todas maneras, creo que me mejoré mucho.

Una cosa que se ve únicamente en Austria es la fiesta que sigue el día de esquiar. A la primera vista al esquiar a la parte abajo de la estación, me sorprendí de oír música y un montón de gente tomando cervezas en un patio en el aire libre. Cuando mi amigo Frank me dijo que íbamos a ir de fiesta una de las noches, no imaginaba que iba a ser así: Todo el mundo bailando en su equipo de esquí como si fuera una discoteca, a veces sobre las mesas. No me acuerdo de la última vez que tenía fiesta justa después de esquiar, ni de la última vez que bailaba con las botas de esquiar. Lo más difícil era esquiar el resto de la distancia hacia abajo, un poco borracho, en la oscuridad sobre los magnates congelados. Los austriacos aprovechan bien: desde que la fiesta comienza y termina temprano, no se pierde el día siguiente a causa de sueño o de resaca.

Aunque me divertí durante las vacaciones, hay que comentar sobre un viaje que hizo otra asistente de Dijon. Sola, y con un itinerario prácticamente vacío, fue a Marruecos. In los pocos minutes que tenía con ella, escuchaba historia por historia, cada una asombrosa. Había pasado unos días en el desierto Sahara, bajo cielos claros y bajo las estrellas con una familia muy lejos de donde va todo el mundo. Si le puedo convencer de publicar su historia, voy a colocar el enlace al fin de ésta.

Ha nevado otra vez en Dijon, llegando a ser una de los inviernos en que se registraba lo más nieve hasta la fecha. Aunque pasaba unas vacaciones fenomenales, me daba mucha ilusión de volver a mi trabajo. Solamente me quedan seis semanas como asistente, y ya estoy pensando como voy a echar de menos de mis alumnos cuando me voy en Abril.